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La cruz de clavos.

ANDREAHace un año estuve en Chihuahua, con motivo del desarrollo de una serie de talleres dirigidos al empoderamiento de las mujeres, nada más representativo que llevar este tipo de actividades a un lugar que por su fama negativa de feminicidios sin resolver, está ávido de devolverle la confianza a sus mujeres, si es que existía alguna.

Una parada obligada en la capital, era la placa situada en el piso de la entrada de Palacio de gobierno, en memoria de Maricela Escobedo, asesinada en 2010, como se lee en esta por exigir justicia en el feminicidio de su hija. Yo había leído un poco acerca de este caso, pero estar parada en el aquel lugar, despertó en mí un sentimiento profundo de impotencia, imaginé el dolor de aquella madre que debió sentirse sola ante la gigantesca impunidad de ver en libertad al que a todas luces era el asesino de su hija. En ese lugar estábamos poco más de cien mujeres con el alma en los labios gritábamos frases acusando al gobierno por no protegerla ante esas grandes puertas.

Momentos después cruzamos la calle para llevar flores a la emblemática Cruz de clavos que le recuerda a todo visitante que día a día se suman más injusticias y mujeres muertas. Una de las compañeras pronunció un discurso que nos representaba a todas, prometimos no guardar silencio, prometimos que no se perderá en el paso del tiempo el origen de esa injusticia que hunde a las familias de aquellas mujeres.

Nunca había sentido esa tristeza, es como mirar la injusticia pasar frente a tus ojos, materializada en esos clavos; dejamos flores como símbolo de nuestra empatía, como queriendo cobijar los cuerpos desnudos de hermanas, madres, abuelas, asesinadas y abandonadas en la tierra del desierto. No pude guardar mis lágrimas y no vi a nadie resistirse a llorar. Nos abrazamos y hermanamos ante esa impunidad.

Llevo siempre presente esa imagen como recuerdo de que la violencia de género está presente en mi país y que el gobierno pretende disfrazar diciendo que son mujeres que andan dentro de los cárteles y el clásico ella se lo buscó…

Actualmente mujeres muy cercanas a mí, son víctimas del ella se lo buscó, ya sea por llevar la falda tan corta, por andar sola, por ser buscona, por vivir sola, por casarse con él, por llevarse así, por no darse a respetar y un sinfín de prejuicios parecidos; eso también es violencia y si, claramente es cuestión de género.

Me hermano ante ese dolor con las mujeres que día a día buscan justicia, mi reconocimiento a todas aquellas que, con el alma desgarrada ante la pérdida de una hija, siguen adelante frente a la voz ignorante de aquellos que tratan de minimizar su dolor y que tal vez necesitan visitar esa cruz de clavos.

Mujeres somos y marcando camino andamos, sin menospreciar a los hombres, al contrario, llamándolos a crear un mundo más seguro para sus hijas, esposas, madres, abuelas ¡Ni una más!

 

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